Ya estamos en capilla. Enfilando los últimos días que restan hasta el Domingo de Ramos, el pregón que pronunció este sábado en el Jofre el sacerdote jesuita Daniel Cuesta volvió a escenificar la botadura del gran buque que es la Semana Grande de Ferrol. Fue el primer pie sobre el adoquín, la bocanada inicial de incienso, la Cruz de Guía más tempranera en la cuadrícula.
El pregonero dejó claras dos cosas desde que abrazó el atril: que los de secano —es natural de Segovia— también saben navegar en la galerna, y que no hace falta estar empadronado para que uno sea lo suficientemente ferrolano como para arengar a nuestros cofrades y que la soflama no nos suene ajena.
Cuesta cumplió con creces la encomienda de la Junta de Cofradías y Hermandades haciendo coprotagonistas de su discurso a los apóstoles, empezando por San Lucas y su relato a orillas del mar de Tiberíades —que el pregonero transformó en la ría de Ferrol— hasta María Magdalena saliendo al encuentro del Resucitado, mencionando a un San Pedro “alertando al pueblo” desde la Glorieta de Alfredo Martín y sin olvidarse de un San Juan que, en Viernes Santo, “no teme al peligro, teme fallarle al que más le quiere”.
Los papeles principales, el del “varón doloroso” y “una madre que pese a tantos Dolores, Soledad y Angustia, Merced a no haber perdido la Esperanza”, fueron mecidos por las olas litúrgicas en una metáfora marina que se remontó a los doce buques del “Apostolado” construidos en el astillero dieciochesco de Esteiro y se posó en los “grandes barcos” que suponen algunos de nuestros tronos, como el del Nazareno de Gambino o el “noble galeón” que lleva al Cristo de la Agonía.
De Domingo a Domingo, las referencias ferrolanas no cesaron: a la tradición franciscana de la Orden Tercera, las “mujeres portadoras que aúnan la fortaleza femenina con el amor maternal”, la patrona de Esteiro, el corralón de Dolores, el “monte de rosas rojas” del Cristo de la Misericordia, el paño que Collado pintó a la Verónica, la capilla de Ucha, la Unidad de Música del Tercio Norte, los ocho primeros capuchones o el sonido del metal de la horquilla contra el adoquín de los que recogieron la impronta de la cofradía de las Benditas Ánimas del Purgatorio.
Todo ello para mirar desde “el drama de la Pasión” lo que ocurre en una Semana Santa, la ferrolana, durante “la luna de Parasceve”, que “emociona, sobrecoge, hace derramar lágrimas” gracias a la convicción cofrade de que “el amor con amor se paga”. Apeló Cuesta a la “vocación evangelizadora de las hermandades”, a que el llanto y los sentimientos que afloran no se queden en la superficie y sean rocío que ayude a germinar la fe en el interior de cada uno.
“El rigor del Sábado Santo parece querer añadir una estrofa al ‘Himno al amor’ de San Pablo al afirmar: ya podría yo pertenecer a todos los tercios, cargar todos los pasos o asistir a todas las procesiones, pero si no tengo caridad soy como un metal que desafina en una banda o como un tambor desacompasado que aturde”, dijo Cuesta para aplaudir la recolecta de la Angustia para el Santo Hospital.
En la secuencia final, tras agradecer a las cofradías su labor para contar “las verdades más profundas y fundamentales de nuestra fe”, se dirigió a los cofrades y les recordó que Cristo y su Madre “ansían que les acojáis en vuestra barca”, instándolos a prepararse porque “llega la más grande de todas las semanas, llega la Semana Santa”, finalizó Cuesta, llevándose la ovación del público.
A las 19.00 horas el Jofre ya acogió, como es habitual, la firma en el Libro de Oro de la Junta. Una rúbrica que no solo ejecutó el pregonero, sino también la delegada de la Xunta en Ferrol, Martina Aneiros; el Almirante Jefe del Arsenal, Gonzalo Villar, y la ferrolana Sofía Rodríguez, cofrade de la Merced y directora de la Escolanía de la Catedral de Santiago, que se encargó de poner el broche musical a la tarde con las voces de 30 niños y niñas acompañados de piano y percusión.
Ya sobre el escenario, la periodista Raquel Rodríguez fue la encargada de capitanear el acto un año más, dando paso en primer lugar al presidente de la entidad cofrade, César Carreño, que pronunció un emotivo discurso con sabor a despedida al encontrarse a las puertas de su última Semana Santa en el cargo.
Bromeó sobre el paso del tiempo a través de los dirigentes que estaban entonces y están ahora, aseverando que “cambian os nomes e os tempos, pero non cambia o espírito que nos une”. Afirmó que nunca se sintió solo y agradeció el respaldo y el trabajo en equipo en esta etapa vital “inesquecible”.
Alabó que lleguen “novas ilusións e novas voces” porque “a Semana Santa é máis grande que calquera de nós” y comprometió a quien le suceda en el puesto “gratitude, confianza y apoyo”, pidiéndole que “siga camiñando coa mesma fe, paixón e amor por esta cidade”, para concluir que “mentres haxa fe, a nosa Semana Santa vivirá con forza, luz e alma ferrolá”.
Finalmente, tomaron la palabra el obispo Fernando García Cadiñanos, la delegada Martina Aneiros y, cerrando las intervenciones, el regidor ferrolano, José Manuel Rey Varela. Los tres alabaron el pregón trabajado y documentado de Daniel Cuesta, mientras el titular de la Diócesis destacó que “ha recordado lo principal, no solo las tradiciones, la historia con mayúsculas” y animó a las hermandades a leerlo de nuevo a sus cofrades.
La titular de la Xunta, por su parte, confesó que para ella la Pasión es un conjunto de “experiencias que non se poden contar, hai que vivilas” y el alcalde remarcó que es nuestra “identidade como pobo”.