No cabe duda de que el proyecto europeo generó muchas ilusiones en el pasado. Sin embargo, hoy sería difícil definirlo puesto que Europa ni es una federación ni sus miembros disponen de soberanía nacional.
Lo único cierto es que lo han convertido en una suerte de Frankenstein burocrático que acabará destruyendo lo que idearon sus creadores. Lo que significa que sin un cambio profundo y urgente, no ya para frenar su declive, que es inevitable, no podrá ralentizarse su caída.
Los que supuestamente hoy en día nos representan en Bruselas solo saben proponer ocurrencias, algunas variopintas, otras tan desatinadas que ni al que intentó asar la manteca se le hubieran ocurrido.
A veces lo que vemos, si no fuera por lo que implica para los ciudadanos, se parece más a un grupo de actores representando un vodevil que a otra cosa. Tan es así, que si existiera un concurso para idiotas certificados algunos se llevarían el primer premio.
Lo cierto es que la vuelta de Donald Trump a La Casablanca ha revuelto el gallinero europeo. Suponemos que lo que está ocurriendo en la capital belga es una lucha por la sobrevivencia política. Es decir, mantener los cargos contra viento y marea, cambiando de relato si es necesario.
Es verdad que las consideraciones de índole moral nunca tuvieron cabida en la política, en ninguna época, pero en estos tiempos menos que nunca. Por lo tanto, es de suponer que en la ciudad del Atomium nuestros ilustres representantes van aplicar los principios de Groucho Marx.
Tan nerviosos están en Europa que el señor Macrón convocó estos días hasta dos cumbres de emergencia sobre Ucrania. Cavilamos que fue más que nada un postureo. Uno más de cara a la galería europea y de paso quedar bien con la familia Rothschild, para la cual trabajó en el pasado como empleado de su banca.
Dejando esta menudencia aparte, que no es menor. La cumbre demuestra que tanto él como los demás asistentes están fuera de la realidad al intentar marcar goles situándose fuera de juego.
La realidad es que Europa, como dijo un CEO de Rheinmetall, al comentar la reunión ruso-americana de Riad, ha quedado relegada a la mesa de los niños. Aunque algunos opinan que ni siquiera eso.
Lo que nos habla del verdadero rol que juega Europa en este cambio de época. Ninguno. Lo del francés parece de Gila, aunque sin el talento que tenía este genial humorista. En una de sus declaraciones, macronadas como las llaman algunos, se superó a sí mismo. Nos referimos cuando habló de enviar tropas francesas a Dinamarca para “proteger” Groenlandia.
Igual hizo cuando “quería” enviarlas a Ucrania. Seamos serios señor Presidente, a pesar de que su país cuenta con un respetable arsenal nuclear cualquiera que entienda algo de estas cosas sabe que no aguantaría medio guantazo de una superpotencia nuclear.
Lo cierto es que tanto países como Francia como Alemania fueron el eje central de la UE, sin esos dos países nada hubiera sido posible. Curiosamente hoy enfrentan gravísimos problemas tanto en el plano económico como en el social.
Lo de Alemania es llamativo, pues parece que el nuevo canciller, el señor Friedrich Merz, tiene pensado continuar aplicando la misma receta salvadora: seguir endeudando el país. Lo que quiere decir que el Banco Central Europeo continuará imprimiendo euros a espuertas para todos, generando así más deuda y más inflación en la eurozona.
La realidad es que el proyecto europeo se está quedando sin fuelle y sin cerebro en este reacomodamiento global, que ya empezó. Algo que los políticos no entienden. Y Bruselas a lo suyo: tapar y silenciar lo que está pasando con la complicidad de las oligarquías mediáticas europeas.
Desde el púlpito bruselense nos venden democracia sin que la presidencia de la comisión europea haya sido votada por ningún ciudadano; también libertad de expresión al mismo tiempo que la limitan o la censuran. Y aun así nos siguen hablando de valores…
En todo caso, no importa que los políticos que pernoctan en esa hermosa ciudad sigan creyendo, o finjan creer, que somos esto o aquello. Lo ocurrido estos días desmonta el relato. A lo mejor Europa no ha cambiado tanto como dicen.
Y el Eramus tampoco puede hacer milagros.