El covid la trajo a nuestras vidas y, años después de que las mascarillas y el gel hidroalcohólico se quedasen en el cajón, sigue con nosotros. En secreto, eso sí, que es una de las afecciones que hacen que los que están alrededor se separen unos pasos y cambien el gesto a una sonrisa incómoda. Pero cuando la sarna pica, no hay pudor que valga. Responsabilidad ante todo.