Nuestras playas

ecuerda uno con cierta nostalgia aquellas largas caminatas a las que, con seis-doce años, a veces montado en la yegua y otras muchas andando, nos llevaban nuestros mayores con el sano deseo de que aprendiésemos cosas nuevas, viésemos y descubriésemos mundos aun no vistos, nos fuésemos acostumbrando a la lucha, los esfuerzos, los quebrantos,.. pero también a gratitudes. Pues, aquel día, habiendo dejado atrás Riobarba, desde allá arriba lo alto, se contemplaba un amplio litoral que iba desde la Ínsua hacia Covas, que acariciaban las aguas en lamidos verde-azules, cuyas límpidas arenas refulgían por momentos; seguía al fondo la Ría con brazo de mar al casco, y al frente, barcos, barquitas y Celeiro, de colores, rebosando algarabía.


No había topes entonces a especies ni caladeros. Bajados a Grallal, nos dirigimos a cumplir los deberes: feria, tomar sifonada, tal vez al Banco Pastor, visitar “Santo Ciombre”, a la orilla de la playa y seguramente al sol, a comer pan, chocolate –tentempié del labrador– antes de emprender la vuelta y disfrutando la vista de inmensa playa segura, no fría e infinita como la mar que la auspicia, la grabó este servidor. Siempre resultó suave el clima de litorales, así corno interiores resultan más acusados los fríos, y los calores.


Tal vez por eso estos nortes, brazos de mar, hace que, en fechas recientes, aumenten los visitantes a nuestras playas y costas. Por imágenes grabadas y atractivos peculiares puedo enumerar algunas de años atrás visitadas: pequeñas calas guardadas desde entradas y salidas de Ferrol hacia las mares; Doniños, amplia, clara, luminosa con “polígono de tiro” donde acudí veces varias; San Xurxo, muy concurrida durante todo el verano; y salto a Valdoviño con suavidad, y rompiente..., que precede, azules mares, a la entrada y recostada, templada playa, y Cedeira; y pasando acantilados de Teixido a Ortegal, Cariño, linda playita, Morouzos y Cabalar que almeja y berberecho poseen denso historial en, casi entrada la ría, de mi Ortigueira natal; pasamos a Espasante con San Antonio y La Concha, de estrellas, yodos... y paz; y seguiremos a Loiba, donde hallamos la altivez del engolado Picón y allá, abajo, sus playas, el “banco” de la atracción; saltamos hacia O Barqueiro donde acaba el río Sor, sus playas de Arealonga son todo el año primor; en el Vicedo, XiIIoi, San Román con su “vikinga” y la Abrela en su rincón; y de aquí, hacia Viveiro, hacia Area que conserva de luengo tiempo pasado, importante yacimiento: pecio y pueblo romano; Siguen Cervo-San Ciprián con su O Torno legendaria, que hoy festeja en veraneos la popular Maruxaina; Brotan, unidos los mares, las de Burela y de Foz, cuyas algas y humedad dan al cansancio vigor; Reinante, Las Catedrales y otras cántabras modestas..., hasta confines del Eo, de atracciones manifiestas.


Así, desde mis días lejanos, a los de hoy, mi actualidad, siento vibrar en mis arcanos, el verde-azul litoral.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nuestras playas

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