Desde hace meses, los vecinos del núcleo de Cha, en la parroquia ferrolana de Mandiá, sufren una serie de problemas derivados de los trabajos de relleno que se están realizando en varias parcelas de la zona. Suciedad, daños en la propiedad e incluso episodios de conflictividad son algunas de las vicisitudes a las que a día de hoy se siguen enfrentando y frente a los que se sienten desprotegidos.
“Nos están destrozando las zonas verdes que teníamos haciendo rellenos para campos” para explotaciones agroganaderas, explica Brais Vázquez, portavoz de los habitantes de la zona. Según señala el afectado, los responsables del proyecto cuentan con permiso municipal para realizar un colmado de hasta un metro de altura, pero, dada la irregularidad del terreno, esta medida se está superando ampliamente en algunas zonas –superando incluso los tres metros– en lugar de rebajar la cota en las mismas pese a ser avisados por los residentes de que no estaba permitido.
En este sentido, los vecinos denuncian dos hechos separados: por un lado, el perjuicio que desde hace meses sufren por las obras; y, por el otro, la legalidad de alguna de las actuaciones en términos medioambientales. “Cortaron carballos tan grandes que entre dos personas no se podían abarcar, cortaron xibardas, avellanos blancos...”, lamenta Vázquez, apuntando que, a la hora de conceder la licencia, los responsables municipales “no debían de saber lo que había ahí”, porque son especies que, en otras circunstancias, no podrían talar.
En esta línea, el vecino detalla que se sorprendió a los operarios llenando los camiones cisterna en un afluente del río Sardiña e incluso en la boca de incendios de la antigua escuela Dafonte –si bien este último punto, tras llamarles la atención, parece que dejaron de usarlo–. “Están cogiendo agua del Ayuntamiento sin un contador ni nada, como no pasa nadie, conectan ahí la manguera, llenan la cisterna y la vacían”, afirma.
Respecto al impacto personal –y patrimonial– que están sufriendo los vecinos, Brais Vázquez detalla que los camiones, además de circular a una velocidad inadecuada para el tamaño de la vía, cubren constantemente de barro, grava e incluso grandes piedras el asfalto.
Así, explica que, en lugar de intentar minimizar la afectación, los operarios se limitan a recorrer la carretera con un vehículo cisterna, lanzando los restos con agua a presión a los laterales. Como consecuencia de esto, las fachadas de las casas quedan constantemente cubiertas de fango, mientras que las pequeñas piedras salen disparadas, dañando vehículos y ventanas. En cuanto a las grandes, de momento no se han registrado incidentes pese a que algunas de las encontradas superan los dos kilogramos.
De igual modo, el residente denunció que en una ocasión, tras confrontar a los operarios por esta situación, comenzaron a increparle e incluso a amenazarle, unos hechos que, por seguridad, grabó en vídeo.
Ante estas acusaciones, el gobierno local confirmó esta tarde que, tras tener conocimiento de los hechos la pasada semana, se comprobaron los permisos existentes para este terreno, siendo solo de relleno y desbroce.
Desde entonces, técnicos municipales se desplazaron hasta el punto para realizar comprobaciones sobre el terreno, elaborando un informe de los incumplimientos que se están produciendo. En consecuencia, se redactará un expediente de reposición de la legalidad, que será remitido a la Agencia de Protección de la Legalidad Urbanística (APLU) para que tome medidas.