Carta a Lucio (y III)

No sé que te parecerá esto que te voy a decir a continuación, pero estuve pensando que podrías echarme una mano cuando de nuevo tenga que enfrentarme al SISTEMA, pues según fabricaste aquellas planchas, estoy seguro que podrás instalarle una aplicación, que se dice ahora, al SISTEMA para que pueda analizar cada consulta con rigor y agilidad, y responder de forma personalizada a cada usuario, algo que hoy está muy de moda y publicitan muchas empresas. Eso que llaman el trato personalizado. O sea: bla, bla, bla...


Cuando lo hagas no olvides instalarle algún mecanismo que le permita reconocer e identificar bien a los usuarios que entran en la oficina, pues como tú bien sabes de todo hay en la viña del señor y cuando entren gurtelianos, campechanos, amiguitos del alma y de lo ajeno, que eche la llave, que cierre todas las puertas. Pero si entramos ciudadanos que estamos al día con hacienda y cumplimos con la ley, que nos trate con un mínimo de respeto aunque seamos mayores y nos bailen las letras en el teclado, o no sepamos hablar con una máquina.


Bueno, como verás, no es mucho lo que te pido. Ya sé que algunos van a pensar que son cosas raras y excéntricas que se le ocurren a una persona mayor que no entiende de SISTEMAS, y en estos tiempos tristes y aburridos de pandemia, no tiene otra cosa mejor que hacer más que engancharse a una cola y entrar en una oficina del banco para calentarse un poco y divertirse haciendo un ingreso.


Pero tú déjalos que piensen lo que quieran, no discutas con ellos. Pues dicen por ahí, incluso lo han dicho en los telediarios, que los viejos somos una carga para el SISTEMA, a esos, basta con recordarles que en la pasada crisis-estafa muchas familias consiguieron mantenerse a flote gracias a la pensión de los abuelos. Y puestos a decir, también van diciendo que somos unos inútiles y que no sabemos relacionarnos con los SISTEMAS. No voy a entablar un debate sobre esto. Pero a nuestro favor, puedes decirles que sabemos hacer uso de lo aprendido y, entre otras muchas cosas, aprendimos a respetar a los que nos trajeron hasta aquí. Y cuando la ocasión lo requiere echamos mano de todo aquello que nos enseñaron en el instituto como geografía, historia, geometría, álgebra, trigonometría, aritmética, gramática y otras asignaturas que fueron de gran utilidad para llegar a donde hoy estamos.


¡Ah! Una cosa que se me olvidaba y no de menor importancia. También aprendimos educación. Y, a pesar de la edad, todavía alcanzamos a entender que cada cual hace uso de lo que sabe y tiene.


Además, con el paso de los años fuimos aprendiendo que hacerse viejo no lleva implícito volverse otario. Y andando por vida, que es una buena universidad, en más de una ocasión hemos tropezado con alguien que, de tanto esconderse detrás del SISTEMA, dejó que el SISTEMA hablara por él, y mucho antes de hacerse viejo se volvió otario. Esto si que es triste.


En definitiva, que las palabras viejo y otario no son sinónimos. Y ya que te vas a poner manos a la obra, cuando manipules el SISTEMA, hazlo de forma que le recuerde permanentemente a los banqueros que tienen que devolver los más de 65 mil millones de euros que se llevaron de nuestros impuestos para tapar el agujero que dejó su desastrosa y, en muchos casos, delictiva gestión. Con la falta que ese dinero nos hacía en sanidad, en educación o en residencias para mayores, por poner solo tres ejemplos.


Y a los bancarios; sin presionarlos demasiado porque ellos también son víctimas del mismo SISTEMA, pues les exigen objetivos inalcanzables; que les haga saber que la obediencia debida no justifica la mala educación, ni tampoco el tono despectivo con aquellos que, bien por la edad u otras circunstancias, no tenemos la agilidad suficiente para escondernos detrás de un SISTEMA. Que les recuerde de donde vienen y que nunca olviden que si tienen un puesto de trabajo y cobran sus nóminas cada fin de mes, es porque los ciudadanos hemos abierto una cuenta bancaria en su oficina.


Y por último, que valoren un dato muy importante: el día que nosotros, los usuarios de banca, hagamos todo su trabajo, sus jefes, los banqueros, los echarán a la calle, cosa que yo no deseo, pero la experiencia esta ahí para aprender de ella. Pues si no estoy equivocado, desde el comienzo de la crisis-estafa, han recortado más de cien mil puestos de trabajo en el sector de banca.


Solo por esto último, creo que deberían estarnos tremendamente agradecidos cuando entramos en una oficina del banco y nos dirigimos a ellos para realizar cualquier tipo de gestión bancaria.


Que reflexionen sobre esto, pues lo que están haciendo es tirar piedras contra su propio tejado. Ya sé, ya sé. No me lo digas. Ya sé que es muy difícil luchar contra el SISTEMA. Nunca fue fácil, ni ayer, ni hoy, ni lo será mañana, pero que reflexionen y se organicen, pues los ciudadanos no somos sus enemigos, podemos ser sus aliados, especialmente los de esta edad, que hemos salido tantas veces a la calle que ya conocemos todas las esquinas.


Estimado Lucio. Fue una pena que el Che Guevara no te siguiera en aquella aventura que un día ya lejano le propusiste en La Habana, si lo hubiese hecho, muy probablemente hoy el mundo fuese otro. También entiendo su negativa a seguirte, pues bastantes problemas tenían ya entonces con el vecino de arriba como para meterse en un lío más.


Ahora que no nos oye nadie, déjame que te confiese una cosa. No sé porque será, o sí lo sé. Claro que lo sé. Los banqueros nunca inspiraron en mí mucha confianza, pero después de la pasada crisis-estafa y después de ver a un buen número de ellos desfilando por la pasarela de los telediarios hacia la cárcel. Después de asistir a la robadera de los banqueros mientras muchas familias eran condenadas a vivir debajo de un puente.


Después de ver a muchos de esos banqueros sentados delante de un juez echándole la culpa del saqueo al portero de la sucursal entre balbuceos y sollozos. Cada vez que entro en una oficina bancaria me vienen a la sabiola tus palabras, cuando narrabas aquel encuentro con los dirigentes del City en París. Se negaron a darte la mano porque, según ellos, eras un delincuente, a lo que respondiste: ”Tu…, tú que diriges un banco me llamas a mí delincuente”.


Termino ya, amigo Lucio. Seguramente que ahora yo, cuando se enteren de que me puse en contacto contigo, también pasaré a ser merecedor del calificativo de delincuente. Pero me tiene sin cuidado, sabes.

Carta a Lucio (y III)

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