Ir a la compra se ha convertido en un verdadero quebradero de cabeza para las familias, que más que nunca deben ajustar sus deseos y sus necesidades al incremento creciente de precios de los alimentos. Pese a que algunos artículos de primera necesidad han visto reducido su precio considerablemente, como acontece con el aceite, en general los precios siguen siendo muy altos y los salarios no se han equiparado a esta subida. También las entidades sociales han vivido con temor ese incremento incesante de precios hasta el punto de que entes como la Cocina Económica de Ferrol han visto triplicado el gasto en víveres que deben acometer cada año.
Así, según los datos que baraja la institución social, en el año 2019 se gastaron en este capítulo 28.649 euros; mientras que en 2020 se invirtió algo menos, 26.854; y también mermó esta partida en 2021, dedicando 15.688 euros. Desde 2022 la cuenta de gastos de alimentos aumentó anualmente y de forma considerable, hasta el punto de que se duplicaron gastos con respecto al ejercicio anterior, llegando a los 33.026 euros. En 2023 la cuenta ascendió a 54.461 euros y la de 2024 superó los 62.000 euros.
El incremento del gasto en alimentación ha subido de forma paralela al descenso que se ha ido produciendo en los donativos de víveres que se realizan anualmente. Así, la caída en este apartado ha sido considerable, pasando de los 143.170 euros que se donaron en el año 2019 a los 134.454 del 2020; los 112.799 del 2021; 104.575 que se recogieron en 2022; los 93.677 del año 2023 y, por último, los 83.864 euros que fueron aportados a la institución en el pasado ejercicio 2024.
Los donativos de víveres llegan a la institución mayormente de supermercados, algunos de los cuales lo hacen de forma continuada, como explica Antonio Tostado, presidente de la Cocina Económica. En las gráficas de la institución se puede observar que “es inversamente proporcional la donación en especie al incremento del gasto de compra de víveres, una cosa es consecuencia de lo otro”, afirma Tostado, quien añade que esto hay que analizarlo en el contexto actual, “con un número de usuarios muy estable estos últimos años, sin que se estén dando variaciones significativas”.
Hoy en día se sirven del orden de 110 comidas diarias y entre 75 y 80 cenas.
El presidente de la entidad indica que “nos ha subido este gasto principal que es la lista de la compra pero también otros capítulos, como el de personal, el servicio de catering, mantenimiento, compra de equipos... El año pasado nos tocó sustituir el sistema eléctrico de la cocina y eso supuso un desembolso de 25.000 euros”. Todo esto ha propiciado que, por segundo año consecutivo, las cuentas se cierren con saldo negativo (-87.000 en 2023 y -41.000 en 2024). “En el ejercicio pasado volvimos a registrar déficit, pero no es deuda en sí misma, ya que por fortuna en estos tiempos más difíciles hemos podido tirar de los ahorros que se consiguieron otros años”, precisa Antonio Tostado, quien añade que de seguir en esa línea de gastos por encima de ingresos tendrán que ser las instituciones quienes tomen cartas en el asunto. Cabe precisar que Xunta (120.000 euros) y Concello (40.000 euros al año) a través de sendos convenios, y la Diputación sufragan una parte importante de los gastos de una institución social, que hace mucho más de dar de comer a gente en situación difícil. “Además de lo obvio, aquí contribuimos también a fijar población, ayudando a esa gente que llega de otros países en los momentos más duros. Estoy seguro de que de no tener este servicio es probable que esta gente no se quede en Ferrol y por tanto no se fije la tan deseada población”, asevera el presidente de la entidad, Antonio Tostado, quien confían en que no tengan que llegar ese momento en que deban pedir a las admnistraciones que salven una institución que es un referente de la ciudad y la comarca.