Probablemente el pan sea el producto más universal en cuanto a gastronomía se refiere, pero aun así es difícil conocer con exactitud quién lo inventó. Existen evidencias arqueológicas de que ya en la prehistoria se molían semillas que, mezcladas con agua, formaban una masa que se cocía en forma de torta.
Posteriormente, en los tiempos de las galeras, la alimentación estaba basada en el denominado “bizcocho”, una torta de harina de trigo que se pasaba dos veces por el horno para darle mayor dureza y, de esta manera, podía conservarse durante un intervalo de tiempo prolongado a bordo.
Este pan se endurecía de tal manera que los dientes de los marinos tendían a debilitarse, e incluso a desaparecer, después de su ingesta. Por esta razón el bizcocho se mojaba en agua dulce, vino o hasta en agua de mar en algunos casos.
La galleta marinera, o bizcocho, fue sin duda el alimento estrella de todas las Armadas, tal como se muestra en los manifiestos de carga existentes en el Archivo de Indias de Sevilla o en el Archivo General de Marina, donde, curiosamente, no aparece la patata.
Una vez elaborado el pan, se le daba una forma muy peculiar, consistente en láminas redondeadas para su fácil almacenamiento, razón por la que se le denominó galleta o bizcocho.
En aquella época, la dotación veía cómo sus galletas eran también comidas por ratas y gusanos. De hecho, en las narraciones del italiano Pigafetta, quien fuera cronista en el primer viaje de circunnavegación de Magallanes y Elcano, se dejó constancia de lo siguiente: “Las galletas que comían no eran ya pan, sino una especie de polvo mezclado con gusanos que habían devorado toda la sustancia y con un olor insoportable debido a los orines de las ratas”.
Más cerca en el espacio, las Reales Fábricas de Bizcocho de Neda produjeron durante el siglo XVII el principal alimento de la marinería y la tropa embarcada en la ría de Ferrol. El pan de barco generó una importante industria durante casi un siglo, lo que sirvió de base para el desarrollo de toda una potente industria del pan en la villa, que se tradujo en la creación de generaciones de panaderos. Una de las claves de la calidad del pan de Neda, como se descubrió siglos después, residía en la composición química del agua utilizada, procedente del río Belelle.
El origen de la tradición panadera de Neda se monta a la Edad Media, cuando nacen importantes industrias, como los molinos de trigo, en torno al río Belelle. La calidad de sus aguas da como resultado un pan sin comparación y que incluso Felipe II escoge para el asentamiento de las llamadas Casas Reales, fábricas de bizcocho y hornos de provisión con destino a las Armadas de los Reyes de España.
Hasta la década de 1950, los molinos continuaron operando en el río Belelle, pero desde entonces el pan de Neda ha ido perdiendo importancia, aunque ha mantenido su reputación local y su feria.
Existen procedimientos y normas del Servicio Móvil Marítimo que tienen por objeto permitir el intercambio de mensajes entre estaciones y posibilitar la recepción eficaz de un mensaje de peligro. A este respecto existen tres niveles de mensajes de socorro, dependiendo de la gravedad de la situación: “Mayday” (repetido tres veces nos sirve para avisar de un peligro grave e inminente), “Securité” (repetido tres veces se emplea para transmitir mensajes relativos a la seguridad de la navegación o avisos meteorológicos importantes), y finalmente “Pan-Pan”, la segunda señal en grado de urgencia que, repetida tres veces, se emplea para transmitir mensajes urgentes que tengan relación con la seguridad de una embarcación o de personas, siempre que no exista un peligro grave o inmediato.
Por lo tanto, cuando alguien escuche abordo la señal sonora “Pan-Pan”, más que pensar en comer, debe centrase en salvar la situación delicada que se debe estar produciendo.
*Raúl Villa Caro es doctor ingeniero naval, oficial de la Armada, capitán de Marina Mercante y secretario de la Fundación Exponav