Dos horas en Exponav, el museo de Ferrol donde los visitantes también tienen mucho que explicar

El Museo de la Construcción Naval de la Fundación Exponav es una de las rutas obligadas en la ciudad
Dos horas en Exponav, el museo de Ferrol donde los visitantes también tienen mucho que explicar
Los aprendices del 75 recorriendo el espacio dedicado a la Oficina Técnica | Jorge Meis

De los 27.739 visitantes que tuvo el Museo de la Construcción Naval de la Fundación Exponav el pasado año, solamente unos 8.000 eran vecinos de Ferrolterra. Este dato, que puede sorprender —o no—, desliza algunas claves. Por un lado, que a los lugares cercanos les seguimos dando menos importancia que a aquellos que están a muchos kilómetros, aunque el valor de esos sea menor, objetivamente. Por otro, que hay quien no se ha dado cuenta todavía de que el edificio que albergó las antiguas Herrerías de la Armada relata un poco de la historia de cada uno de nosotros. 


“En mis casi 50 años dentro estuve en varios oficios”, explicaba este martes Luis Ramos, que recorría el museo junto a sus compañeros de la promoción de aprendices de Bazán de 1975. Celebraban allí el medio siglo que se cumple desde que entraron al astillero siendo casi niños, la mayor parte de ellos destinados en Turbinas porque, aclara, “en aquel momento se hacían para casi todas las centrales nucleares del país”.


Antes de coronar la celebración con una comida en El Caserío Vasco, escuchaban atentos las explicaciones de Arantxa Muiños, la joven guía que les habló de herramientas, planos y épocas que ellos conocieron de primera mano. Ella también los escucha e incorpora las anécdotas y los datos que le comparten. 


“Después fuimos a diferentes centros y yo pasé a la Sala Técnica, con la que seguí vinculado en otra etapa a través de la Biblioteca y de Proyectos”, continúa Ramos, que siempre pudo compaginar su trabajo en el astillero con una pasión por el teatro que desembocó en la dirección que ahora le ha llevado a estrenar, sin ir más lejos, “Campanas de Bastabales” el pasado domingo en Narón con su compañía.

 

 

Entretanto, los adolescentes de un centro escolar atienden a las explicaciones de Isabel Díaz Robles, de Ferrol Guías, y dos jubilados andaluces, que trabajaron en los astilleros del sur, preguntaban a Néstor, el recepcionista, por dónde empezar su recorrido.

 

Un nuevo espacio


“La verdad es que impone bastante cuando el grupo al que haces la visita guiada es de extrabajadores del astillero”, reconoce Arantxa, que está en el museo desde 2017, matizando que “mi compañera y yo no somos ingenieras. Nosotras estudiamos Turismo, así que tenemos que repasar cada una de las piezas, conocer toda la información posible y, por supuesto, incorporar lo que nos van diciendo, lo que aportan”.


La exposición permanente de Exponav está, aunque parezca paradójico, en continuo movimiento. De hecho, hace pocas semanas que abrió el que se ha convertido en uno de los rincones que más tiempo merece: el dedicado a la Oficina Técnica y la Sala de Gálibos. “Teníamos ya un espacio, pero nos faltaba un poco más de historia”, precisa Rafael Suárez, gerente de la Fundación.

 

El tiempo en la tecnología


“En los últimos años, perseguimos que todos los espacios expositivos tengan un discurso que se pueda entender aunque no conozcas el tema. Que puedas saber cómo ha evolucionado y lo que queremos presentar”, continúa. En este caso, “veíamos que faltaban elementos, que estaba muy deslavazado, y que teníamos fondos dentro de nuestros almacenes que podían explicarlo mejor, y así lo hicimos”.

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Arantxa Muiños durante la visita guiada que capitaneó este martes | Jorge Meis

El propio Suárez, que trabajó en “la Sala”, ofrece también explicaciones exhaustivas, pero no quiere dejar de mencionar la colaboración de José María de Juan y de Pedro García Millán, de Astano y Bazán, respectivamente, que “conocen perfectamente la Oficina y que han vivido su evolución de los últimos años hasta llegar al Gemelo Digital, que ahí nos hemos plantado”.


El paso del tiempo se mide en esta sección a través de las herramientas indispensables para que funcionase a lo largo de los años el ‘cerebro’ del astillero. Desde los planos delineados a mano en papel cebolla para facilitar su calco a los ordenadores que, aunque ahora veamos obsoletos, fueron celebrados entonces por convertir en sencillos los más complejos cálculos.

 

El anecdotario


“La llegada de los ordenadores a todos los aspectos de la técnica ha sido fundamental. De los primeros trabajos, de cómo se calculaba la estabilidad y otros valores de forma manual —después con reglas de cálculo y con tablas de logaritmos— a poder definir de forma numérica con operaciones más precisas y más potentes. Todo esto se ve en este nuevo espacio”, avanza Suárez. 


Pero, ¿qué pasa cuando el público no domina los aspectos técnicos? “El anecdotario es básico”, confirma Arantxa, “sobre todo en un museo como este, donde necesitas incorporar curiosidades para que sean estos datos los que les ayuden a recordar después las explicaciones de los 4.000 metros cuadrados de exposición”.

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Detalle de los objetos imprescindibles en la Sala de Gálibos | Jorge Meis

Invita a observar la fotografía de la Sala Técnica de Bazán en los años cuarenta, que ilustra un rincón de la pared. “¿Ves esa cosa blanca al lado de la mesa?”, interpela, desvelando que se trata de “una escupidera, que eran muy habituales en la época”. La curiosidad da paso a los trazos manuales sobre el papel, a las plantillas de letras y números que llegaron después para agilizar, y a las siluetas hechas de celuloide, “como las películas antiguas”.


No obstante, la zona favorita de los visitantes más jóvenes es donde se muestran los ordenadores, dando además mucho juego a la guía para interactuar con ellos y constatar, incluso en primera persona a pesar de su juventud, que el tiempo pasa para todos. “El más curioso que tenemos es este Disco Winchester, de IBM, que siempre señalo para que me digan a qué se les parece y todos dicen que a un robot aspirador”, asegura Arantxa, entre risas.

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También la soldadura ocupa una zona preferente en el espacio | Jorge Meis

Ella, que también está vinculada al astillero y al Arsenal por su abuelo y sus tíos, que trabajaron en ellos, “como le pasa a toda la gente de Ferrol”, valora la importancia de adaptar sus explicaciones “al tipo de público que venga”. En su caso, además, reconoce que la continua renovación del espacio obliga a estar en permanente contacto con los expertos que le proporcionan toda la información sobre las piezas. ¿Su favorita? “Quitando el Winchester, me decanto por ‘el sufridor’, este martillo o mazo que se usaba para los remaches, sufriendo el golpe, de ahí el nombre. Pero también le viene del obrero que lo sujetaba porque pesa 12 kilos. Eso sí era sufrir”, sentencia. 

 

Recorridos guiados gratuitos cada mes

 

Hasta el 13 de abril, cuando empieza la Semana Santa, se considera temporada baja y los horarios del Museo de la Construcción Naval van de martes a viernes de 10.00 a 14.30 y de 15.30 a 19.00, los sábados de 10.00 a 19.00 y el domingo de 10.30 a 14.30 horas, con el lunes cerrado. En época media y alta aumenta su tiempo de apertura, pero el precio de la entrada no varía: 2 euros la general y 1 euro la reducida, pudiendo consultarse en la web de Exponav sus pormenores y también la gratuidad para una serie de colectivos.

 

 

Asimismo, dos veces al mes se realiza una visita guiada gratuita para la que conviene reservar previamente a través del correo exponav@exponav.org, el teléfono 981 359 682 o presencialmente en la recepción. La próxima es el día 8 de marzo y la convocatoria se suele hacer en sábado, a las 12.00 horas, durando una hora “o más, si se me va un poco de las manos”, bromea Arantxa Muiños. Explica que “podríamos estar horas y horas” para abordar la totalidad de los fondos, pero calcula que 120 minutos es un tiempo “ideal” para poder llevarse una buena panorámica de la historia de los astilleros de la ría desde el siglo XVIII.

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