Compañeros, profesores y mandos arroparon hace unos días a la sargento alumna de la Esengra Raquel Jiménez Rosano (San Fernando, Cádiz, 1994) en la presentación de su primer libro autoeditado “Smile Warrior”, un trabajo que nació del dolor ante la pérdida de su madre y que le sirvió para evadirse y reconfortar su mente y su alma. El libro se puede adquirir en Amazon y librerías o directamente en el mail: raqueljimenezrosano@hotmail.com.
¿Cómo surge la idea de escribir “Smile Warrior”?
Desde pequeña siempre me ha gustado escribir. La verdad es que “Smile Warrior” más que un libro surgió como un diario. Empecé cuando mi madre cayó enferma y todos los días, cada vez que tenía un huequito, aprovechaba para plasmar en papel lo que iba sintiendo, lo que pensaba, las cosas que no podía hablar con ella o con los estaban a mi alrededor, porque todos estaban tan afectados como yo y no quería añadir mis preocupaciones a las suyas.
¿Fue su manera de evadirse ante el diagnóstico del cáncer de su madre?
Podría decirse que fue una especie de autoterapia que yo hacía para sacar un poco la frustración y las emociones que iba sintiendo con cada paso de la enfermedad.
¿En qué momento se centra la historia?
Yo tenía poco más de 18 años cuando le dieron el diagnóstico a mi madre y el libro arranca la misma noche que yo me enteré de que estaba enferma. Llega hasta el momento en que falleció, en el año 2018.
¿Cree que repetirá en su faceta de escritora en el futuro?
Con este libro recién salido del horno, como se suele decir, y tratándose de una autoedición, no he pensado en repetir experiencia por ahora. Me gusta escribir y no es lo primero que hago pero sí lo primero que publico.
¿Cómo fue la acogida por parte del personal y compañeros de la Esengra?
Pues ha ido genial, la verdad. Estuvo muy bien, me encantó y lo disfruté muchísimo.
¿Y a su familia, le ha gustado?
Les ha encantado ha sido una sorpresa para todos ya que nadie sabía que lo estaba escribiendo. Es una historia dura y ha costado volver a revivirla pero la verdad es que ha tenido mucha aceptación.
Ha decidido donar los beneficios de la venta de este libro a la AECC, ¿Qué le ha movido a hacerlo?
Desde que mi madre cayó enferma nosotros intentamos colaborar con la asociación ya fuera participando en carreras, donando cabello, dinero... Como podíamos aportábamos nuestro grano de arena y ahora que tenía la oportunidad de hacer algo por la propia asociación no lo dudé. He de decir que por ahora no he podido realizar ninguna donación ya que lo que se ha obtenido de beneficios ha alcanzado solo para cubrir los gastos de la autoedición pero confío en poder ayudar con la venta de muchos ejemplares.
¿Acudisteis a la AECC en busca de ayuda?
Sí, nosotros desde el primer momento acudimos a la asociación. Mi madre iba a consulta con un psicólogo de la institución y realmente nos orientaron mucho en los primeros momentos. Fueron de mucha ayuda.
¿Se saca algo positivo de una experiencia como la vivida?
La verdad es que sí, como se refleja en el propio libro y las personas que lo leen lo pueden comprobar, no es un tratado de autoayuda pero quienes lo leen pueden ver cómo tras un duro proceso como este hay salida, cuesta claro, y la herida siempre va a estar ahí, pero se aprende a vivir con esa ausencia y también a recuperar tu vida donde la dejaste, porque esta se para con el diagnóstico.
Después la tienes que reiniciar, hay que seguir adelante. A mi me ha enseñado mucho la enfermedad, y mi propia madre, he aprendido en el camino que no hay que rendirse, que hay que luchar y dar un pasito hacia delante y nunca para atrás... eso a mí me ha hecho sentirme más fuerte como persona.
¿Cómo le enseñó su madre?
En cada paso que daba, estuviera ella mejor o peor, siempre tenía una sonrisa. Solicitaba nuestra compañía, le encantaba que le leyeran o escuchar música juntos. Siempre buscaba tiempo para la familia y siempre nos regalaba una de sus sonrisas.