Daniel Cuesta Gómez (Segovia, 1987) es el encargado de arengar este sábado a los cofrades desde las tablas del teatro Jofre a partir de las 19.30 horas. El jesuita, ordenado sacerdote en 2021, vive entre Vigo y Santiago de Compostela desde hace tres años, así que ya es un poco gallego. Con formación en Historia del Arte, Humanidades y Teología, anticipa que su pregón será “catequético” y que busca con él emocionar a los cofrades y prender en ellos la llama de la fe.
¿Cómo se encuentra a pocas horas de cumplir con la encomienda de la Junta de Cofradías?
Con cierto nervio por la responsabilidad que supone ser pregonero de la Semana Santa de Ferrol, que es muy conocida en Galicia y en España.
¿Qué sabía de nuestra Semana Grande antes?
La conocía por cultural general y por mi atracción hacia la Semana Santa, pero también tuve la ocasión de venir a la ciudad hace tres años, cuando llegué a Galicia, invitado por la Asociación Cofrade “Bajo tu banzo” para dar una pequeña conferencia y formación. Pude hacer una visita por algunos templos y me impresionó bastante la manera de vivirlo y el entusiasmo. Luego, por mi trabajo en Vigo, tengo compañeros y familias que son de Ferrol y me han ido contando. Sin ir más lejos, esta mañana [por el viernes] una niña de Infantil me dijo muy emocionada que iba a salir en las procesiones de aquí. Esta es una Semana Santa que se vive y hace vibrar a la gente.
Además de su condición de sacerdote, cuenta con una amplia preparación en el mundo del arte y la teología, ¿será el suyo un pregón con muchas caras diferentes?
Es catequético, un pregón cofrade. Cuando se le encarga a un sacerdote se piensa: “Ay, madre, nos a echar un sermón”. Bueno, no vamos a echarlo, pero lo que nos hace vibrar es hablar de Jesucristo. Lo primero que hice cuando recibí el encargo fue ponerme en oración para saber cómo poder hablar de la Pasión de Cristo, cómo poder emocionar... Porque el objetivo de un pregón es emocionar, es saber anticiparse a lo que se va a vivir profundamente.
¿Cómo lo preparó?
Además de orar, me puse a conocer la Semana Santa a través de distintos libros, de publicaciones que me facilitó la Junta porque mi conocimiento era menor del que exige un encargo como este. En Navidades, que tenía más tiempo, estaba yo leyendo y viendo vídeos y mi familia me decía, entre risas: “¿Pero ya estamos con la Semana Santa?”. Fui poco a poco teniendo las ideas claras, cómo decirlo y cómo articularlo, y ese fue el origen de este texto.
Usted, que se dedica a la pastoral juvenil y universitaria, ¿cree que la vida cofrade es una forma más llamativa para la juventud de acercarse a Dios?
Ciertamente. Es una manera de acercarse y de que empiecen a vivir una vida cristiana, más próxima a Dios, porque todo en la Semana Santa —aunque a veces se quiera reducir a una cosa cultural— nos habla de Él, de la Pasión de Cristo. Y nos acerca a ella y a la Madre. El cofrade siempre se emociona viendo las imágenes, tiene noticias de quién es nuestro Señor, de cómo nos ha salvado, de que ha muerto por nosotros, de su resurrección y de la esperanza que todo esto da.
Entonces, usted no es partidario de tomar la religiosidad popular como un asunto menor...
Cada uno vive la religiosidad popular con una profundidad diversa, como viven su fe. Te encuentras con jóvenes que la viven de una forma más dormida el resto del año y esos días tienen un mayor entusiasmo. Se trata de un instrumento de evangelización privilegiado. No mágico ni automático. Si se trabaja y se exige una experiencia, la búsqueda de la pregunta... Es la base, el sustrato para que ahí pueda crecer y desarrollarse una vida de fe.
¿Desea, por lo tanto, que sus palabras de hoy sean la chispa que prenda esa fe dormida y ayuden a que los cofrades vivan más intensamente la espiritualidad en estos días?
He ido a la capilla a orar y le he pedido a Dios que me ilumine para que mis palabras hablen de Él y también para que abra el corazón de las personas que me escuchen. He orado para que eso que el Señor quiera decir por mi medio, y aquello que van a vivir a lo largo de estos días de Pasión, sirva para prender esa llama de la fe que, a veces, parece dormida en nuestra sociedad, pero que yo creo que no está tan dormida como se nos quiere hacer ver.