La inflación condiciona la solidaridad de instituciones, empresas y ciudadanos en la zona

Entidades sociales como la Cocina Económica no podrían ofrecer el servicio que ofrecen sin la labor desinteresada de sus voluntarios
La inflación condiciona la solidaridad de instituciones, empresas y ciudadanos en la zona
Dos de las voluntarias de la institución social

El cierre del año 2023 se vivió con cierto temor entre la directiva de la Cocina Económica pues el número de socios de la entidad (sobre 1.300) se redujo considerablemente, pasando de unos ingresos por cuotas de 165.142  en el año 2022 a  los 162.309 euros de 2023. “Pensábamos que eso podía ser un cambio de ciclo pero, por fortuna, cerramos 2024 con un nuevo repunte”, manifiesta Antonio Tostado, presidente de la institución. También caen las aportaciones externas con respecto a otros años y las donaciones de particulares. “Nosotros sufrimos profundamente la subida de precios de la lista de la compra pues nos dedicamos a hacer comida, pero las consecuencias de la inflación la pagamos todos, también las empresas colaboradoras y los ciudadanos”, indica.

 

 

 


Red de voluntarios 
 

La Cocina Económica no sería la misma sin la acción de sus voluntarios, que ayudan a servir las mesas, recoger y acompañar a los comensales, ya sea en el turno de la comida o las cenas. El presidente de la organización social sostiene que de no ser por la solidaridad de la gente “el servicio que se presta no podría ser el mismo y muy probablemente estaría planteado de otro modo y sería impensable dar cobertura a tanta gente como ahora”.

 

Los voluntarios, jóvenes o adultos, llegan de toda la comarca y también  de otros países


Aunque hay un grupo numeroso de colaboradores habituales, sobre 45, muchos otros van y vienen. “Los más jóvenes están condicionados por temas de estudios, exámenes, trabajos que les surgen... y los mayores por cuestiones relacionadas con su salud o la de algún miembro de sus familia”, explica Tostado. Eso sí, “siempre están cubiertos los servicios, y solemos pedir a la gente cierto grado de implicación viniendo una vez a la semana, por ejemplo”, indica.

 

La institución social cuenta con una red fija de voluntarios que ronda las 45 personas activas


Con respecto al perfil de los voluntarios asegura el presidente de la entidad que “cada quien tiene sus motivaciones... hemos tenido todo tipo de voluntarios, desde jóvenes de 17 años a octogenarios, llegados de diferentes puntos de la comarca pero también del mundo, con algunos procedentes de Reino Unido, República Checa, Irlanda....”. Además, añade que “gracias a ellos el servicio de comida es más social y lúdico, con ese trato cercano tan característico. No hay que olvidar que el alma del servicio es presencial, porque además de un plato de comida se acompaña".

 

No hay que olvidar que gran parte de esta gente está sola y venir aquí constituye para muchos el acto social del día”, precisa Tostado. 


La institución se sostiene con seis empleados, cuatro en la cocina (tres auxiliares y un cocinero) y dos personas más para el área administrativa y de coordinación. Asimismo, ya de forma externalizada, se contratan también los servicios de una asesoría laboral y jurídica y el servicio de nutrición, fundamental para controlar que los menús que se elaboran sean los más adecuados desde el punto de vista nutricional.

 

 

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