UN HOMBRE SENTADO | El retorno del Jedi

Letras sosegadas en #Nordesía: Fernando Soto escribe en esta ocasión sobre el "reverso tenebroso de la Fuerza"
UN HOMBRE SENTADO | El retorno del Jedi

Solo me sale escribir de política, pero no quiero. Así que voy a hablar de cine.
 

Acabo de volver a ver con mi hijo La Guerra de las Galaxias —Star Wars IV, para los jóvenes; que, por cierto, ha envejecido regular, y uno se pregunta cómo aquellos efectos especiales pudieron parecer, en su día, espectaculares— y El Imperio contraataca, y me han recordado, claro, la lucha entre el lado luminoso de la Fuerza y su reverso tenebroso.


En la segunda —o la quinta, como prefieran—, Lord Vader tienta a Luke, su hijo —esto no será un spoiler, ya, ¿no?—, le dice que se pase al lado oscuro, donde, con su poder, ellos dos dominarán la Galaxia y lo decidirán todo. Que sería fácil y rápido. Que es precisamente lo que ya le habían advertido al joven sus maestros Obi-Wan y Yoda: le habían prevenido acerca de ese peligro, del peligro de optar por la vía rápida, la de las soluciones tajantes e inmediatas; del peligro de dejarse llevar por ese poder tan llamativo. Y lo que le pedían era todo lo contrario: que se apoyase en la Fuerza, que surge de todo y todos, para el bien; que era un camino más largo y más duro, que no era tan fácil, pero que contaba con todos y servía a todos, porque buscaba el bien común desde la comprensión y la unión.


Vivimos tiempos, años, meses, semanas e incluso días convulsos. Una sensación de crisis, por no decir terremoto, por no decir hecatombe, sobrevuela la actualidad, y en mi caso se traduce en franca preocupación y no poca desesperanza.


Ya sé —aclaro antes de que me lo diga mi hermano— que la crisis ya estaba. Que de hecho es crónica. Que hay tantas desgracias y tan duraderas, a lo largo y ancho del mundo, que solo una mirada ombliguista puede explicar que creamos que de repente hemos perdido el paraíso: no había paraíso, salvo que aceptemos que puede consistir en una urbanización con seguridad privada. Guerras cruentas y ya largas, una de ellas a nuestras puertas, y un intento cada vez más evidente de genocidio contemplado en directo desde nuestras casas, dejan del todo claro que no, que no estábamos bien.


Pero, dentro de esa realidad dura y tantas veces cruel, y por mucho que a menudo nos sintamos y seamos incapaces, e injustos, y perezosos y egoístas, no es lo mismo que alguien intente arreglar algo que renunciar a toda esperanza, no es lo mismo querer, pero no poder, que atrincherarnos en actitudes defensivas, cerriles y sin escrúpulos. No es lo mismo, si se me permite la frivolidad, asumir con tristeza que los caballeros Jedi se ven sobrepasados por las fuerzas del mal, que contemplar, impotentes, cómo claudican y se pasan al lado oscuro.


Es mala semana, después de la Conferencia de Munich, para aseveraciones sobre cuál es el mayor peligro que afrontamos, pero, aun así, me parece inevitable e imprescindible alertar sobre la amenaza que representa el descrédito de la democracia, de sus principios, de sus fundamentos, sus valores y sus mecanismos. 

 

Una democracia que poco a poco parece menos atractiva a los jóvenes y no tan jóvenes, que tiene un aire ineficiente, de cosa lenta y pasada de moda, de rémora poco eficaz, de rollo teórico y poco práctico que ya no se adapta a los tiempos. Y que ve, enfrente, soluciones expeditivas, mesiánicas, espectaculares como los efectos especiales de Star Wars, que le comen terreno, que ofrecen el oro y el moro, que no se andan con rodeos ni tienen miramientos a la hora de lograr su objetivos. Como Darth Vader y su Emperador.


Frente al reverso tenebroso de la Fuerza, con Señores Oscuros con vocación de todopoderosos, solo queda oponer el lado luminoso, aquel que surge del conjunto y sirve al conjunto, sin dejar a nadie atrás.
 

Además de ver esas películas, esta semana leí un artículo del Papa Francisco, en el que hablaba de nuevas tecnologías, de filosofía, de ética, de la necesidad de reflexionar, de la necesidad de compadecernos y de la obligación, precisamente, de no dejar a nadie atrás. Me pareció, con sus ropas blancas, un caballero Jedi. Estamos deseando ver El retorno del Jedi.

UN HOMBRE SENTADO | El retorno del Jedi

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